martes, 30 de junio de 2015

Washington: la ciudad de los muertos

No creo ser la persona adecuada para hablar de Washington ya que solo pasé un día en esta ciudad, no logré entrar a ninguno de sus increíbles museos, ni bibliotecas (se que no todos los turistas lo saben, pero la biblioteca del Congreso no cobra entrada y al parecer, además de ser un edificio imponente, es un verdadero placer para los amantes de los libros), ni el zoológico y solo conocí los grandes monumentos en honor a los muertos.

Caminé por el Obelisco, la Casa Blanca y el monumento a Lincoln, vi de lejos el capitolio y subí hasta el cementerio, nunca llegué al soldado sin nombre, pero vi muchas tumbas. De ahí pasé por el barrio chino y luego en George Town descansé mirando churros caminar.

Obelisco 

Casa Blanca

George Town 

Abraham Lincoln 


Nunca llegué a la escalera de el Exorcista, pero Washington me pareció una ciudad ordenada, con un montón de homenajes a los muertos, de barrios tranquilos, de estudiantes, es decir una visión bastante escuálida.


 

lunes, 5 de mayo de 2014

Bucaramanga



Desde hace unos cinco años visito Bucaramanga con cierta regularidad, la razón principal es mi primo John Fabián, que es de allá y nuestra relación se ha fortalecido con el tiempo.

La primera visita que hice consciente de que iba a descansar, fue después de trabajar en el DANE durante un año sin vacaciones, mi jefe nos dio una semana para gozarla y así llegué a Bucaramanga. De este primer viaje recuerdo haber montado en parapente, ir a la Puerta del Sol a jugar bolo criollo, y haber recorrido un sinnúmero de bares tomándome fotos con botellas ajenas.

No estoy muy segura si mis siguientes visitas fueron en familia, recuerdo una en la que mi hermano se enfermó y salimos a rumbiar sin él, al día siguiente manejó hasta Bogotá mientras todos dormíamos el guayabo.

Después de todo esto y a causa de mi tusa, comencé a ir más seguido. En 2011 logré superar un poco mi tristeza después de una salida que comenzó con Karaoke, luego discoteca y terminó en un amanecedero... la experiencia fue completa cuando mi primo y yo llegamos a la casa por rumbos distintos y nos abrió mi tía rezando (a él) y con cara de en dónde estabas unas dos horas después a mí.

En 2012 después de haber estado en el festival vallenato, fui a Bucaramanga a ver a Don Omar, Martín Elias y Jorge Celedón, uno de los mejores conciertos en los que he estado, incluyó levantada de un santandereano bien santandereano, que al día siguiente me escribía en el chat "venga le digo....".

En 2013, los viajes a Bucara mermaron un poco, pero eso no evitó que fuera al matrimonio de Jenny, es decir una experiencia diferente.

Este año fui para semana santa con mis primos, visitamos Panachi por tercera vez, y volvimos a recorrer las discotecas, nuevos amores de verano. Esa es la magia de la ciudad bonita, la ciudad de los parques, que siempre siempre logra relajarme, logra sorprenderme, me presenta nuevas personas. Amo los santandereanos y santandereanas porque son unos berracos, porque quieren su tierra, porque son apasionados, y así es también su ciudad.

Se que no soy una buena guía de Bucaramanga, pero como me decía un amigo el otro día, en mis escritos hay más sentimientos que descripciones.

Debo las fotos, se han ido perdiendo en el pasado.

domingo, 12 de enero de 2014

Santa Marta y Cartagena como turista

Atardecer en la playa de Rodadero Sur
Llevo visitando Santa Marta desde hace 5 años. En 2013 volví a visitarlo y por primera estuve como una turista, me quedé en un hotel en el Rodadero, en vez de estar en apartamentos de mi familia o conocidos. Estuve en las noches del Rodadero en donde las fiestas son en la playa. Las carpas están todas unidas y los vendedores ambulantes pululan dañando un poco el paisaje.
Sigue gustándome más ir a las playas de Rodadero Sur, en donde el mar explota en olas, por el contrario Rodadero parece una gran sopa sin olas y llena de gente.
No obstante, estar como turista me permitió hacer lo que quería, comprar una nevera de icopor y llevar una botella de whisky a la playa, ver el atardecer una y otra vez, relajarme a pesar de tener el teléfono prendido todo el día. La compañía ayudó un poco.

En Cartagena me pasó un poco lo mismo, siempre he ido por trabajo o con familia, pero también lo visité esta vez como una turista y me quedé en un hotel en la San Martín. Esa ciudad es mágica, la muralla me atrae y me hace sentir siempre romántica.


Tomarme una cerveza, caminar, sentí como si hubiera reconocido la ciudad.
Lo mejor de viajar así es la libertad que te da el no saber, el no estar atada a nadie ni a nada.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Transformaciones urbanas

Me encuentro trabajando para el IDPAC una de las instituciones del distrito dedicada a la promoción de la participación ciudadana. En este momento tengo un mapa de Bogotá al frente y me parece que no conozco mucho de esta ciudad en la que me críe, que ha sido mi hogar toda mi vida.
Lo que me sorprende no es sólo su extensión, es pensar en las situaciones que se viven en cada barrio, en las diferentes realidades que tiene cada habitante.
Pensando en procesos de cambio que conocí en otras ciudades en el mundo, me pregunto si situaciones como un cambio cultural en un barrio podrían ser aplicadas acá.
Cuento el caso de Nueva York puntualmente, artistas, escritores, y en general bohemios, se apropiaron de una calle llamada Gay Street, la reformaron y después de un tiempo se volvió tan popular que las personas de plata se mudaron allí y los bohemios se tuvieron que ir porque no podían pagar los arriendos. Esto mismo está ocurriendo con Brooklin.

Ahora bien, Bogotá no es Nueva York y nuestros problemas no solo son de espacio, son culturales. Aquí tenemos tan arraigadas las clases sociales que los barrios están divididos por ellas. Las transformaciones urbanas en Bogotá deberían pensarse no solo de una forma física, sino educativa.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Rusia, segunda parte

Caminando en la noche hacía mi casa desde Transmilenio, sentí por un momento que estar en Bogotá es parte de un gran viaje y recordé, sin proponérmelo, uno de los mejores momentos que viví en mi viaje: ir al ballet ruso y ver Gisselle en el Teatro Bolshoi. La sensación de estar mirando una obra de People & Arts en vivo fue increíble.


Por supuesto debo admitir que no todo fue perfecto. Como estábamos lejos de nuestra residencia no pudimos cambiarnos la ropa, así que toda la obra estuvimos rodeados de mujeres muy bien vestidas (de vestido largo y todo) mientras que nosotras (María Juliana, Laura, Juana y yo) andábamos de tenis y jeans.
Rusia es como un amor perdido.
Llegue al país sin expectativas, con más ganas de ir a Israel, que realmente Rusia, pero dispuesta a conocer lo que más pudiera. Su hermosura me sorprendió. Llegamos de noche al centro a buscar, en medio de edificios viejos, nuestra residencia. En Moscú la tecnología se camufla en medio de las construcciones viejas. Por ejemplo, para entrar a muchas puertas debes conocer más de una clave digital.
Entonces con Mari Juli nos encontramos en esta ciudad fría, rodeadas de almacenes de las marcas más finas del mundo, mientras las construcciones parecen no haber cambiado desde antes de la revolución obrera en 1890.
Es así como los contrastes, la supremacía de los edificios y todo absolutamente todo (hasta la gente caminando de afán) te envuelve.
Rusia es como un amor perdido, porque solo me di cuenta de lo fascinante que era cuando ya estaba inmersa en él. Fue un amor que despertó, como si desde antes lo hubiera querido.
Las historias por contar son muchas, recorrer mercados y parques en medio del frío, dejarnos convencer de comprar los gorros, comer en panaderías de metro, o haber montado en el tren de tercera clase y rodeadas de soldados, son solo algunos de los muchos recuerdos de este grandioso país.



jueves, 14 de noviembre de 2013

Escocia, los planetas se alínean

Después de pasar una semana en Londres, cuando terminé mi curso de inglés, decidí dejar de ser visita y pasar una semana viajando. Compré mi pasaje en bus nocturno para Edimburgo (son 10 horas de viaje y la idea era dormir toda la noche), así que llegué a Escocia en la mañana de un lunes.

Londres de noche

Y amanecí en Escocia
Edimburgo es mágico, la ciudad se divide por puentes, la parte "moderna" de la ciudad vieja. Al llegar me uní a un tour caminando gratuito en el que me explicaron todo lo relacionado con parte de la historia de la ciudad.

Bobby es el perro que esperó a su amo en la estación de tren durante 30 años (creo) después de muerto. Según los escoceses la película qeu cuenta la historia es muy mala. 

El cementerio de Edimburgo es bastante famoso y muy bonito.

La tumba que inspiró a la autora de Harry Potter.
En medio de la caminata conocí a un italo-canadiense que fue mi compañía durante dos días. Con el decidimos hacer el "Whisky experience", almorzar y salir a tomarnos algo.




Con Sandro (ese es su nombre) nuevamente conocí las ganas de cambiar de vida en otra persona. Su historia es igual de particular a la de miles de viajeros. El atravesó Europa en bicicleta durante dos meses, se quedó en Italia en reunión familiar durante un mes y luego se dedicó a viajar por otros países durante otro mes, para volver a Canadá. Sus pertenencias caben en un morral, dejó todo en Vancouver (vendió todo) renunció a su trabajo y se dedicó a viajar, pero como era amigo de su jefe, habló con él y le dijo, cuando vuelvas te doy otro trabajo, mejor y en otra ciudad. Mientras estaba conmigo buscaba un apartamento en Quebec. Se reía de su suerte y de como sus amigos la envidiaban. El viaje lo hizo buscando respuestas, la claridad mental que solo no ataca cuando estamos solos, la claridad mental que lo hizo romper una relación de 8 años con su ex-novia, luego de estar un fin de semana acampando solo y sin música (el ipod se le quedó sin batería y terminó casi perdido en un bosque de Canadá o algo por el estilo). Ojo, toda esta historia me la contó antes de que yo abriera la boca, es una gran casualidad.
Después de una muy buena noche, nos despedimos sin saber como contactarnos, así que al día siguiente yo (que no duermo nada así esté trasnochada) salí temprano al castillo de Edimburgo. Sobre el castillo tiene la vista más increíble de la ciudad, además de un sinnúmero de museos históricos. En un momento no disfruté tanto mi visita, mi cámara se quedó sin pilas y no pude tomar fotos, además este era como el sexto castillo que visitaba en todo mi viaje, y créanme cuando les digo que las diferencias entre castillo y castillo están solo en las historias que ocultan (quien los ocupó, las guerras en las que estuvieron envueltos), pero al final son todos muy parecidos.
Al salir del castillo fui a almorzar a un restaurante que nos habían recomendado el día anterior y me encuentro con la sorpresa de que al abrir la puerta lo primero que veo es a Sandro, quien también estaba almorzando en el mismo lugar. La casualidad o el destino (que cursi), pero seguimos hablando otro tanto y luego él se devolvió al hostal y yo me fui a caminar por la parte de Edimburgo que me hacía falta, pero quedamos en volver a salir por la noche. En este momento él me llamaba como "go, go go girl, por que no paraba a descansar. Estuvimos en un pub con música en vivo y comimos muy bien. Aquí hago una pausa y explico, mis 6 kilos de más no solo fueron creados durante Turquía y Rusia, la comida en Escocia es absolutamente deliciosa.
Al día siguiente Sandro viajó a Belfast para terminar su recorrido y volver a Canadá y yo viajé en un tour a través de las Highlands.
Las Highlands, que incluyen el famoso Lago de Ness, recorren varias ciudades del norte de Escocia. En el tour conocí a una canadiense llamada Katherine con quien compartí mi viaje.

¡Otro castillo!

En el Lago de Ness (el monstruo lamentablemente se escondió para la foto)

Con Katherine
 Las Highlands me hicieron sentir como en casa, cada media hora cambia el panorama, están llenas de montañas y los verdes me recordaron a la sabana de Bogotá. El guía era un escoces de esos a los que te toca poner atención para entender el acento. Recomiendo el viaje, es histórico y uno se siente parte de la película Corazón valiente (aunque después de oír la historia real descubres que la historia de Mel Gibson es una adaptación bastante dudosa).

En medio de la lluvia 

Famosas vacas peludas de Escocia, la raza por supuesto se llama Highland

Mi guía en su kilt y fumando pipa, ¿qué más escoces puede ser?
El día terminó en la tarde y aunque quedamos en salir de rumba con Katherine, me eché para atrás y me dormí temprano para madrugar y viajar a Glasgow.



jueves, 7 de noviembre de 2013

Belfast: reflexiones sobre un proceso de paz

Llegué a Belfast en Irlanda del Norte llena de "irish luck", luego de recorrer Edimburgo y Glasgow.
Debía tomar un bus a las 12 del día en la terminal de Glasglow, transporte que me llevaría al ferry. Aquí aclaro que la puntualidad inglesa es real, así que casi me deja el bus, pero como digo la suerte me acompañó.
El primer día en Glasgow fue lluvioso y estuve realmente quieta, descansando de Edimburgo, pero salí en la noche y conocí a Paul, un arquitecto irlandoescocés que me dio consejos sobre Belfast. Mi segundo día en Glasgow lo aproveché para conocer el museo de arte, la universidad y el río, descubrí la ciudad que no había conocido antes, pero tenía tan poquito tiempo que olvidé estar pendiente del bus.

El museo se encuentra en el medio de un parque

Es fácil asociar la Universidad de Glasgow con Harry Potter por su arquitectura

En el centro de la ciudad se encuentra una calle peatonal llena de vida, lo que más se ven son cantantes callejeros

En la bahía del río que atraviesa la ciudad
Corrí por las calles de Glasgow para llegar a tiempo, y lo hice con un minuto de diferencia, minuto que significó atravesarme en frente del bus y rogarle al conductor que me dejara subir por medio de señas. No lo hizo. Me devolví a información para cambiar mi tiquete, cuando alguien me llama por detrás y me dice, el conductor se devolvió por ti. El señor había dado la vuelta a la manzana, solo para recogerme de la forma legal. Fue increíble, me monté en el bus y los demás pasajeros me decían que tenía mucha suerte, que ese tipo de cosas nunca pasaban.

Esta escultura está ubicada a la entrada de la estación de buses, me sentí identificada

El ferry es absolutamente increíble, con casino, restaurantes y tienda "duty free". Muy buena experiencia para casi 4 horas de viaje.




Llegué a Belfast el mejor día del mundo, ya que había una celebración cultural llamada The Catedral. Conciertos en las calles de diferentes tipos de música, cerveza en cada esquina, obras de teatro, muestras de deportes extremos. INCREÍBLE.
Después de dos horas de estar sola, de ver a la gente y tomar cerveza, conocí a una niña irlandesa en la calle. La verdad es que con ella terminamos recorriendo el festival y saliendo a rumbiar. Fue una de esas noches inolvidables.
Al día siguiente fui en un tour para saber la historia de la ciudad. Es aquí en donde encontré tantas experiencias importantes para nosotros como colombianos, ya que en Irlanda del Norte aún están viviendo las consecuencias de un proceso de paz, aún están en procesos de reconciliación.
Vi la ciudad a través de los ojos de alguien que vive en un país en guerra, aunque no la viva en carne propia. Las comandancias de policía en Belfast, al igual que la corte y el congreso son edificios rodeados por muros antibombas, a cada sirena que suena se siente una tensión en el aire.
Las paredes claman con mensajes políticos, con imágenes de ídolos de todos los países del mundo.

"Preparado para la paz, listo para la guerra", ¿fuerte no?

Así es el amigo Chaves está presente en Belfast

Lo grave, más allá de los simbolismos es el sentimiento de odio que se percibe en el aire en algunos barrios.
Belfast fue dividida por un muro, porque creían que si los dos partidos (protestantes y católicos) no se veían podían contener la violencia. Un grupo apoyaba la independencia de Gran Bretaña (el IRA), mientras el otro quería mantenerse.
Hoy todavía, después de firmar un acuerdo de paz en 1998, hay barrios en los que ondean miles de banderas de Reino Unido, hay protestas y según mi amigo Paul, hay barrios en los que muchas personas no pueden entrar porque terminarían muertas.
¿Qué viene para Colombia? No es por nada, pero el territorio colombiano es más del triple que el de Irlanda, y hoy en día la situación de violencia de muchas regiones es muy similar a la descrita (muchos no pueden ir a un lugar por tener un pensamiento político o porque tienen una situación social diferente), entonces ¿cómo lograremos la paz? El conflicto irlandés duró aproximadamente 30 años, el nuestro lleva más de 70... ¿será posible que en un proceso de paz el tiempo sea como el de una desilusión amorosa (dicen que uno supera a la otra persona en la mitad del tiempo que convivió con el otro, es decir que si duraste 3 años necesitas un año y medio para recuperarte)?
Llegar a acuerdos es solo la primera parte, ponerlos en práctica parece un poco más difícil, pero cambiar mentalidades es el verdadero reto, y creo sinceramente que serán nuestros nietos (y ojo no tengo hijos), quienes vivan realmente la paz.